Convergencia Educativa, (18), julio-diciembre, 2025. ISSN: 0719-3351  
 

Propuesta didáctica innovadora para el abordaje del duelo en aulas de Educación Primaria

Innovative Didactic Proposal for Addressing Grief in Primary Education Classrooms

Reseña crítica Proposta Didática Inovadora para o Enfrentamento do Luto em Salas de Aula do Ensino Fundamental

García de las Bayonas-Amorós Marina1 & Guevara-Rincón, Gema2


García de las Bayonas Amorós, M., & Guevara-Rincón, G. (2025). Propuesta didáctica innovadora para el abordaje del duelo en aulas de Educación Primaria. Revista Convergencia Educativa, (18), 80-98. https://doi.org/10.29035/rce.18.80

[Recibido: 07 octubre, 2025 / Aceptado: 11 noviembre, 2025]

RESUMEN

La muerte y la pérdida son experiencias universales que, sin embargo, suelen mantenerse silenciadas en el ámbito escolar. En la etapa de educación primaria, los niños pueden atravesar distintas formas de duelo (por fallecimiento, separación o cambio) sin contar con los recursos emocionales necesarios para comprender y expresar lo que sienten. Esta situación evidencia la necesidad de incorporar una educación emocional que permita abordar el duelo desde una perspectiva pedagógica, respetuosa y significativa. En este contexto, el presente estudio tiene como objetivo diseñar e implementar una propuesta didáctica innovadora que favorezca la comprensión, expresión y gestión emocional del alumnado ante situaciones de pérdida, mediante estrategias simbólicas y creativas adaptadas a su desarrollo evolutivo. La propuesta combina elementos del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), la educación emocional y la expresión artística, fomentando un aprendizaje activo y vivencial en torno a la experiencia del duelo. El proyecto se desarrolla a través de actividades como lecturas de cuentos, murales colectivos, diarios emocionales y rituales simbólicos, con el fin de crear un entorno seguro donde los estudiantes puedan reconocer y comunicar sus emociones. Los resultados obtenidos muestran una mejora en la empatía, la cohesión grupal y la capacidad de afrontar la pérdida desde una mirada compartida y resiliente. En conclusión, esta iniciativa ofrece un enfoque innovador y humanista para integrar el duelo en la educación primaria, contribuyendo al desarrollo socioemocional del alumnado y al fortalecimiento del papel de la escuela como espacio de acompañamiento, comprensión y construcción de sentido.

Palabras claves: Educación emocional; resiliencia infantil; competencia socioemocional; acompañamiento pedagógico; narrativa infantil.



1 Universidad Católica de Murcia (UCAM), España. https://orcid.org/0009-0001-7094-9575, arina_garcia2@hotmail.com.
2 Universidad de Murcia, Facultad de Educación, Grupo de investigación Didáctica de la Lengua y Educación Literaria y Grupo de investigación: Lingüística Francesa General y Aplicada, España. https://orcid.org/0000-0002-6012-4588, gema.guevara@um.es.

ABSTRACT

Death and loss are universal experiences that, nevertheless, tend to remain silenced within the school environment. During the primary education stage, children may experience different forms of grief (due to death, separation, or change) without possessing the emotional resources necessary to understand and express what they feel. This situation highlights the need to incorporate emotional education that enables grief to be addressed from a pedagogical, respectful, and meaningful perspective. In this context, the present study aims to design and implement an innovative didactic proposal that promotes students’ understanding, expression, and emotional management when facing situations of loss, through symbolic and creative strategies adapted to their developmental stage. The proposal combines elements of Project-Based Learning (PBL), emotional education, and artistic expression, fostering active and experiential learning around the experience of grief. The project is developed through activities such as storytelling, collective murals, emotional journals, and symbolic rituals, aiming to create a safe environment where students can recognize and communicate their emotions. The results show improvements in empathy, group cohesion, and the ability to cope with loss from a shared and resilient perspective. In conclusion, this initiative offers an innovative and humanistic approach to integrating grief into primary education, contributing to students’ socio-emotional development and strengthening the school’s role as a space for support, understanding, and meaning-making.

Key words: Emotional education; Child resilience; Socio-emotional competence; Pedagogical support; Children’s narrative.

RESUMO

A morte e a perda são experiências universais que, no entanto, costumam permanecer silenciadas no contexto escolar. Na etapa do ensino fundamental, as crianças podem vivenciar diferentes formas de luto (por falecimento, separação ou mudança) sem possuir os recursos emocionais necessários para compreender e expressar o que sentem. Essa situação evidencia a necessidade de incorporar uma educação emocional que permita abordar o luto de uma perspectiva pedagógica, respeitosa e significativa. Nesse contexto, o presente estudo tem como objetivo elaborar e implementar uma proposta didática inovadora que favoreça a compreensão, a expressão e o manejo emocional dos alunos diante de situações de perda, por meio de estratégias simbólicas e criativas adaptadas ao seu desenvolvimento evolutivo. A proposta combina elementos da Aprendizagem Baseada em Projetos (ABP), da educação emocional e da expressão artística, promovendo uma aprendizagem ativa e vivencial em torno da experiência do luto. O projeto é desenvolvido por meio de atividades como leitura de histórias, murais coletivos, diários emocionais e rituais simbólicos, com o intuito de criar um ambiente seguro onde os estudantes possam reconhecer e comunicar suas emoções. Os resultados obtidos demonstram melhora na empatia, na coesão grupal e na capacidade de enfrentar a perda a partir de uma perspectiva compartilhada e resiliente. Em conclusão, esta iniciativa oferece uma abordagem inovadora e humanista para integrar o tema do luto na educação fundamental, contribuindo para o desenvolvimento socioemocional dos alunos e para o fortalecimento do papel da escola como espaço de acolhimento, compreensão e construção de sentido.

Palabras clave: Educação emocional; resiliência infantil; competência socioemocional; acompanhamento pedagógico; narrativa infantil.

INTRODUCCIÓN

La escuela, más allá de ser un espacio destinado a la transmisión de contenidos curriculares, constituye un entorno de convivencia, construcción de identidad y desarrollo emocional. Durante la etapa de educación primaria, los niños experimentan diversas vivencias que trascienden lo académico, entre ellas la pérdida y el duelo. Sin embargo, la muerte y sus implicaciones emocionales suelen permanecer silenciadas en el contexto escolar, ya sea por la falta de formación del profesorado, por la ausencia de recursos pedagógicos adecuados o por el temor a abordar un tema considerado delicado (Ordoñez-Osorio, 2024; Laurero Madrid, et al. 2023).

Diversas investigaciones señalan que el acompañamiento emocional en la infancia resulta esencial para el desarrollo del bienestar psicológico y la resiliencia a largo plazo (Glickman et al., 2021; Kennedy et al., 2018). En este sentido, la escuela puede desempeñar un papel preventivo y formativo de gran valor, al ofrecer un contexto seguro para la expresión de las emociones y la construcción compartida del sentido de la pérdida (Worden, 1996; Neimeyer, 2002). No obstante, la falta de espacios para hablar del duelo dentro del aula puede derivar en sentimientos de aislamiento, incomprensión o evitación del dolor emocional, limitando el aprendizaje de habilidades socioemocionales básicas (López et al., 2022; Bisquerra & Pérez Escoda, 2007).

Abordar la muerte desde una perspectiva educativa implica reconocerla como parte natural de la vida y, al mismo tiempo, ofrecer a los estudiantes herramientas simbólicas para comprenderla y elaborarla emocionalmente (Barrera et al., 2024). Autores como Gabilondo (2020) y Leal (2016) subrayan la necesidad de construir escuelas emocionalmente responsables, en las que la gestión de las emociones y la empatía formen parte del currículo oculto y de las prácticas docentes. La educación emocional, integrada de forma transversal, favorece la adquisición de competencias socioafectivas y de resiliencia ante situaciones de pérdida (Yıldız et al., 2020; Ramos Álvarez, 2015).

Desde esta perspectiva, resulta necesario diseñar propuestas didácticas que integren el arte, la narrativa y la expresión simbólica como medios de acompañamiento emocional (Rodríguez Pech et al., 2022). Recursos como los cuentos, el dibujo o el juego favorecen la elaboración del duelo de manera natural y respetuosa, permitiendo a los niños reconocer, compartir y transformar su experiencia en aprendizaje (Teckentrup, 2015; García, 2016).


OBJETIVOS

El objetivo principal de esta investigación es el de diseñar e implementar un proyecto de innovación educativa que aborde el duelo en aulas de educación primaria, favoreciendo la comprensión, expresión y gestión emocional del alumnado mediante estrategias didácticas simbólicas y significativas.

Para su consecución, se proponen diferentes objetivos específicos:

1. sus emociones relacionadas con la pérdida, para desarrollar una comprensión emocional adecuada.
2. Promover actividades expresivas y creativas (cuentos, dibujos, dramatizaciones) que permitan elaborar de forma simbólica las experiencias de duelo.
3. Fomentar actitudes de respeto, empatía y apoyo mutuo entre iguales, para fortalecer el clima emocional del aula.
4. Involucrar a las familias en el proceso educativo, a fin de garantizar la coherencia entre el acompañamiento escolar y el familiar.
5. Evaluar el impacto del proyecto en la expresión emocional y en la cohesión grupal del alumnado, para valorar su efectividad educativa y emocional.


MARCO TEÓRICO

El Duelo Infantil: Una Realidad Poco Visibilizada En La Escuela

El duelo en aulas de primaria es una realidad profundamente significativa y, sin embargo, con frecuencia es poco abordada en el contexto educativo, a pesar de su elevada incidencia y del impacto potencialmente profundo que puede tener en el desarrollo emocional y académico del alumnado (Ordoñez-Osario, 2024). Si bien, la pérdida de un ser querido es un fenómeno que afecta a personas de todas las edades, en los infantes su capacidad para comprender y gestionar la muerte se encuentra en pleno proceso de desarrollo, lo que hace que el duelo se manifieste de maneras que pueden ser difíciles de identificar o interpretar. En este contexto, las emociones no siempre se manifiestan de manera explícita o a través de palabras, y con frecuencia las conductas asociadas al duelo son interpretadas erróneamente como falta de disciplina, apatía o comportamientos propios de la inmadurez.

En primer lugar, según Ramos Álvarez (2015), es esencial considerar la etapa evolutiva del niño, ya que su capacidad para entender la muerte y regular las emociones asociadas varía significativamente según su edad, su madurez emocional y su desarrollo cognitivo. Como mencionan diversos autores, los más pequeños no tienen la capacidad de comprender la irreversibilidad de la muerte y, por tanto, pueden mostrar conductas que, aunque asociadas al duelo, se expresan de manera regresiva o a través de dificultades físicas y emocionales. En cambio, los niños mayores y preadolescentes, aunque ya poseen una comprensión más completa del fenómeno, siguen necesitando apoyo para gestionar la tristeza, la ansiedad y otros sentimientos derivados de la pérdida.

Dentro del proceso de acompañamiento al duelo infantil, el entorno familiar constituye un factor clave, ya que la forma en que la familia afronta la pérdida influye directamente en cómo el niño la vivencia. Tal como señala Worden (1996) y Kseibi (2017), los menores aprenden a elaborar el duelo observando a los adultos de referencia, y cuando estos promueven una comunicación abierta sobre la muerte, se facilita la expresión emocional y la adaptación al proceso. En cambio, en contextos familiares donde el tema se evita o se minimiza, los niños pueden experimentar sentimientos de confusión, inseguridad y aislamiento emocional.

Además, las características específicas de la pérdida también inciden en la forma en que el niño atraviesa el duelo. Factores como la cercanía con la persona fallecida, la naturaleza del fallecimiento (repentina, anticipada, violenta, etc.) o la existencia previa de una enfermedad pueden condicionar significativamente la experiencia emocional del menor (Reyes, 2023).

En este sentido, el rol de la escuela adquiere especial relevancia como espacio de contención emocional. La institución educativa no solo actúa como un medio de aprendizaje académico, sino también como un contexto en el que los niños desarrollan competencias emocionales y sociales. Tal como plantea Laurero Madrid et al. (2023), una escuela emocionalmente responsable puede convertirse en un entorno seguro para que los estudiantes expresen sus emociones, validen sus experiencias y se sientan apoyados. Esto implica que tanto docentes como compañeros deben estar sensibilizados para acompañar el duelo, ofrecer espacios de escucha y fomentar una cultura donde hablar de la muerte y sus efectos no sea un tabú, sino parte del desarrollo integral del alumnado.

El acompañamiento emocional en la escuela no implica que los educadores asuman un rol terapéutico o de consejeros especializados, sino que se trata de una intervención educativa en la que el docente desempeña una función de escucha activa y acompañamiento afectivo, sin intentar minimizar ni evitar el dolor del niño. El entorno familiar representa un elemento determinante en la manera en que los niños atraviesan el proceso de duelo. La actitud de la familia frente a la pérdida influye de forma directa en la comprensión y elaboración del duelo infantil. Según López et al. (2022), cuando en el núcleo familiar se favorece el diálogo y la expresión emocional, se promueve una adaptación más saludable ante la pérdida. En contraste, en familias donde se evita hablar sobre la muerte, los menores pueden sentirse desorientados, emocionalmente aislados o incluso culpables, lo cual dificulta su proceso de elaboración del duelo.

Asimismo, las características particulares de la pérdida (como su imprevisibilidad, las circunstancias que la rodearon o el vínculo emocional con la persona fallecida) influyen significativamente en la experiencia del niño (Neimeyer, 2002). Las muertes repentinas, violentas o que afectan a figuras de apego primario tienden a generar un impacto emocional más intenso y complejo.

En este contexto, la escuela se convierte en un espacio clave para acompañar emocionalmente a los estudiantes. Leal (2016) subrayan que el entorno escolar, además de su función académica, cumple un papel socializador y emocional esencial, ya que es en él donde los niños desarrollan habilidades para la vida y construyen vínculos significativos. Una escuela emocionalmente consciente, capaz de reconocer y acoger las necesidades afectivas de su alumnado, puede ofrecer un entorno protector y seguro donde los estudiantes se sientan escuchados, comprendidos y apoyados durante su proceso de duelo.


DEFINICIÓN Y MODELOS DEL DUELO

Desde una perspectiva psicológica, el duelo se concibe como un proceso dinámico y multifacético que se desencadena ante la pérdida de un ser querido. No se trata de un evento puntual, sino de una experiencia emocional prolongada que conlleva una serie de reajustes internos y externos en la vida del individuo. Tal como señala Worden (2009), el duelo implica tareas emocionales, cognitivas y conductuales que permiten a la persona adaptarse a una nueva realidad sin la presencia del ser perdido. Esta adaptación no solo abarca la esfera emocional, sino también una transformación en la identidad personal, las relaciones interpersonales y la manera de interactuar con el entorno.

Además, el proceso de duelo es profundamente individual y está influido por diversos factores, como la edad, el tipo de vínculo con la persona fallecida, el contexto cultural, y los recursos personales y sociales disponibles. En esta línea, Neimeyer (2002) destaca que el duelo debe entenderse como una reconstrucción del significado personal y relacional, en la que la persona busca integrar la pérdida en su historia vital.

Según Worden (2009), el duelo se describe como una experiencia única para cada persona, que se desarrolla a través de cuatro tareas fundamentales: La primera tarea es aceptar la pérdida, que no solo requiere comprender intelectualmente la muerte, sino también asimilarla emocionalmente. Este proceso puede ser gradual, y la incredulidad o negación iniciales hacen necesario un tiempo de aceptación. La segunda tarea es trabajar el dolor, lo que implica procesar emociones intensas como tristeza, ira y desesperación. Expresar estas emociones, ya sea verbalmente o mediante el llanto o el arte, es fundamental para liberar la carga emocional y continuar el proceso de adaptación. Este paso requiere un entorno de apoyo donde el doliente pueda sentirse seguro para expresar sus sentimientos. La tercera tarea consiste en adaptarse a un mundo sin la persona fallecida, lo cual incluye reorganizar la vida diaria, ajustar roles y aprender a vivir con la ausencia. Este proceso puede generar sentimientos de vacío, pero también implica encontrar un nuevo propósito sin la presencia del ser querido. Finalmente, la última tarea es recolocar emocionalmente a la persona fallecida, integrando su memoria de manera que permita seguir adelante sin que su ausencia interfiera de forma destructiva. Esta tarea no implica olvidar, sino mantener a la persona presente de una manera que permita continuar con la vida de forma significativa.

Por otro lado, la psicóloga Kübler-Ross (2005) fue pionera en la investigación del proceso de duelo, proponiendo un modelo de cinco etapas que se ha convertido en uno de los marcos de referencia más utilizados para comprender cómo las personas responden ante la pérdida. Este modelo es ampliamente conocido por su propuesta de las siguientes etapas:

a. Negación: en esta fase, la persona puede rechazar la realidad de la muerte. Es una defensa emocional frente a la abrumadora magnitud de la pérdida. La negación puede manifestarse en la creencia de que el ser querido sigue vivo o que la muerte no es real, y puede ser una forma temporal de protegerse del dolor inmediato.
b. Ira: a medida que la persona comienza a aceptar que la pérdida es real, puede sentirse enfadada o frustrada por la injusticia de la situación. Esta ira puede dirigirse hacia diferentes direcciones: hacia uno mismo, hacia otras personas, hacia Dios, o hacia la persona fallecida por "dejarlos". La ira es una manifestación emocional del dolor que puede surgir cuando la persona se enfrenta a la inevitable realidad de la muerte.
c. Negociación: en esta etapa, la persona puede tratar de buscar formas de revertir o mitigar la pérdida. A menudo, esto implica pensamientos como "Si tan solo hubiera hecho esto" o "Si solo pudiera cambiar el pasado". La negociación es una manera de afrontar la impotencia y el sufrimiento, buscando soluciones que permitan evitar o disminuir el impacto de la muerte.
d. Depresión: la depresión es una de las reacciones más comunes del duelo. Es un momento en el que la persona puede experimentar una profunda tristeza, desesperanza y aislamiento emocional. Esta etapa implica una aceptación parcial de la pérdida, lo que lleva a una profunda melancolía y lamento. La depresión es una respuesta emocional natural ante el dolor de la pérdida irremediable.
e. Aceptación: finalmente, la persona llega a un punto de aceptación donde puede reconciliarse con la pérdida. En esta etapa, ya no se resiste al dolor, sino que se adapta a la nueva realidad de vida sin el ser querido. La aceptación no significa que la persona deje de sentir dolor, sino que llega a un punto de paz interna que le permite seguir adelante con la vida.


EL PAPEL DE LA ESCUELA ANTE EL DUELO

La escuela es, sin lugar a duda, un entorno clave en la vida del niño, no solo por su función académica y formativa, sino también por su impacto en el desarrollo social y afectivo. En este entorno, los niños no solo asimilan conocimientos, sino que también desarrollan habilidades para interactuar con sus compañeros, manejar sus emociones y formar su identidad tanto personal como social. La escuela es, por tanto, un lugar en el que se encuentran múltiples dimensiones de la vida de los estudiantes: la cognitiva, la emocional, la relacional y la ética. En este sentido, se convierte en un espacio fundamental para el acompañamiento de cualquier experiencia significativa que atraviese el niño, incluida la pérdida de un ser querido.

Gabilondo (2020) subraya la necesidad de que la escuela se convierta en una comunidad emocionalmente responsable, capaz de reconocer las experiencias emocionales de su alumnado y acompañarlas de manera adecuada. Esto implica que la escuela no debe limitarse a ser un lugar donde se imparte conocimiento académico, sino que debe asumir un rol activo en la construcción de un clima de seguridad emocional, en el que los niños puedan expresarse, ser escuchados y encontrar apoyo cuando atraviesan situaciones difíciles, como el duelo. Este acompañamiento no solo debe enfocarse en el estudiante que ha sufrido la pérdida, sino también en el grupo-clase, creando un entorno de empatía, solidaridad y comprensión mutua.

El duelo es una experiencia profundamente personal, pero su impacto puede ser colectivo, ya que afecta a las relaciones sociales dentro del aula. Por ello, el enfoque integrador que propone Gabilondo (2020) es esencial: la escuela debe ser consciente de que sus miembros (tanto estudiantes como docentes) forman una comunidad en la que la experiencia de cada uno afecta al conjunto. Un niño que atraviesa un proceso de duelo necesita que su entorno educativo le brinde un espacio de contención, respeto y comprensión, para que pueda gestionar sus emociones sin sentirse aislado o incomprendido. Además, la intervención educativa no solo favorece el bienestar del niño en duelo, sino que también tiene un impacto positivo en sus compañeros, quienes aprenden a ser más empáticos y a comprender mejor las emociones complejas.


FALTA DE FORMACIÓN DOCENTE Y CONSECUENCIAS

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2019), una gran proporción del profesorado manifiesta no haber recibido formación específica para afrontar situaciones de duelo en aulas de primaria en el contexto escolar. Esta carencia formativa no solo genera una sensación de inseguridad entre los docentes, sino que también se traduce en respuestas inadecuadas, evitativas o incluso contraproducentes cuando un alumno atraviesa una experiencia de pérdida significativa.

Aunque la intención de evitar hablar sobre el duelo en el entorno escolar puede ser bien intencionada, esta actitud puede tener repercusiones negativas tanto a corto como a largo plazo. Según Worden (2009), cuando la experiencia de duelo de un estudiante no es reconocida ni validada, el niño puede sentirse incomprendido, solo o emocionalmente aislado. La negación del dolor emocional tiende a llevar a la represión de sentimientos, lo que puede ocasionar sentimientos de culpa, confusión o abandono, y la falta de un espacio seguro para expresarse puede agravar aún más la situación. Este tipo de ignorancia emocional puede dar lugar a un duelo complicado, en el que el niño enfrenta una elaboración emocional más dificultosa y prolongada, afectando no solo su bienestar emocional, sino también su autoestima, sus relaciones sociales y su rendimiento académico (Kübler-Ross, 2005).

Entre las consecuencias más frecuentes de un duelo no acompañado adecuadamente se encuentran el aislamiento social, la desmotivación escolar, alteraciones en el comportamiento y la aparición de síntomas psicosomáticos. Como indica Neimeyer (2002), muchos niños en duelo pueden presentar conductas regresivas, problemas de concentración, irritabilidad o bajo rendimiento, síntomas que a menudo se interpretan erróneamente como problemas de disciplina o desinterés. Sin embargo, estos comportamientos pueden ser un reflejo de un sufrimiento emocional profundo que no ha sido abordado de manera adecuada. Si no se identifican ni se manejan correctamente, el malestar emocional puede convertirse en crónico, lo que impacta negativamente en el desarrollo integral del niño (Reyes, 2023).

Por esta razón, la capacitación del profesorado en temas de duelo y educación emocional debe ser considerada una prioridad en las políticas educativas. Tal como sugieren López et al. (2022), no se trata de convertir a los docentes en terapeutas, sino de proporcionarles herramientas y estrategias básicas de intervención, observación y acompañamiento emocional. Esto les permitirá actuar con seguridad y sensibilidad ante situaciones de pérdida, garantizando una respuesta educativa adecuada y eficaz que respalde el bienestar emocional de los estudiantes en momentos de duelo.


LA EDUCACIÓN EMOCIONAL COMO HERRAMIENTA PARA AFRONTAR EL DUELO

El acompañamiento escolar del duelo no implica que los docentes deban desempeñar funciones terapéuticas ni asumir el rol de psicólogos clínicos. La intervención escolar ante una pérdida debe entenderse dentro de los límites del ámbito educativo, desde una posición de acompañamiento humano, empático y emocionalmente disponible, sin invadir el espacio que corresponde a los profesionales de la salud mental (Barrera et al., 2024). En este contexto, lo que se espera del profesorado no es que “resuelva” el sufrimiento del niño, sino que pueda ofrecer una presencia significativa, una escucha activa, y un entorno de seguridad emocional en el que el alumno se sientan vistos y vistas, comprendidos y comprendidas y respetados y respetadas en su proceso.

Una de las claves para lograr este acompañamiento adecuado está en el desarrollo de competencias emocionales por parte del profesorado. Según Bisquerra y Pérez Escoda (2007), La educación emocional debe integrarse como una competencia fundamental a lo largo de todo el currículo, en lugar de limitarse a actividades aisladas o esporádicas. Este enfoque sostiene que formar emocionalmente al alumnado implica ofrecerles las herramientas necesarias para identificar, entender y manejar sus emociones, así como fomentar relaciones empáticas con los demás.

Para este autor, esto significa que el sistema educativo tiene la responsabilidad de preparar a los docentes para abordar las pérdidas desde una mirada pedagógica y humanista, y no solo desde lo académico. La formación en educación emocional proporciona al profesorado recursos para detectar signos de malestar emocional en el alumnado, para intervenir de manera adecuada en situaciones delicadas, y para crear espacios de expresión emocional en el aula, sin necesidad de invadir la privacidad del niño o forzar un proceso que, por naturaleza, es íntimo y personal. Integrar la educación emocional en el currículo también ayuda a normalizar el diálogo sobre experiencias vitales difíciles, como la muerte, la separación, o el sufrimiento emocional, permitiendo que los estudiantes desarrollen resiliencia y fortaleza interna ante las adversidades. Lejos de evitar estos temas por temor a causar malestar, se trata de abordarlos con sensibilidad, adaptando los contenidos y el lenguaje a las edades y necesidades del grupo.


LA MUERTE COMO CONTENIDO EDUCATIVO

Abordar la muerte en el aula debería dejar de ser un tema tabú y comenzar a tratarse como un contenido pedagógico esencial y relevante. Según López et al. (2002), la escuela, como institución formadora integral del ser humano en sus dimensiones cognitivas, emocionales, sociales y éticas, tiene la responsabilidad de tratar temas fundamentales como la muerte, que forma parte intrínseca de la experiencia humana. La omisión de esta temática en el contexto educativo puede generar la percepción de que hablar sobre la muerte es inapropiado, peligroso o incluso vergonzoso, lo cual puede impedir que los estudiantes desarrollen una comprensión emocional adecuada sobre el ciclo de la vida (Worden, 2009).

Silenciar la muerte o relegarla exclusivamente al ámbito privado puede transmitir a los estudiantes el mensaje implícito de que este tema debe evitarse, lo que dificulta el desarrollo de habilidades emocionales y sociales esenciales. Como sugiere Neimeyer (2002), el proceso de abordar la muerte en un ambiente seguro y educativo proporciona una valiosa oportunidad para que los estudiantes gestionen sus emociones de manera saludable y aprendan a relacionarse con los demás de manera empática, fortaleciendo así su bienestar emocional y social.

En este sentido, Laurero Madrid et al. (2023) defiende que la muerte puede integrarse de manera natural en asignaturas como Literatura (a través de cuentos, leyendas o poesía), Ciencias Naturales (tratando el ciclo de la vida en animales y plantas), o Educación en Valores (reflexionando sobre el sentido de la vida, la pérdida y el respeto a la diversidad de creencias). Estas materias ofrecen un contexto adecuado para introducir el tema desde diferentes perspectivas, lo que permite al alumnado acceder a una comprensión más rica y matizada de la muerte y sus implicaciones personales y sociales.

El uso de recursos didácticos como cuentos infantiles, cortometrajes, películas, obras teatrales o dinámicas grupales facilita la aproximación emocional al tema, permitiendo que los niños proyecten, verbalicen y procesen sus emociones en un entorno seguro. A través del arte, la narrativa o el juego simbólico, los estudiantes pueden explorar sus miedos, dudas o vivencias sin sentirse juzgados ni presionados. Por ejemplo, cuentos como El árbol de los recuerdos (Teckentrup, 2015) o Para siempre (García & Carretero, 2016) se han utilizado con éxito en contextos escolares para iniciar conversaciones sobre la muerte desde una mirada afectiva y respetuosa.


MÉTODOS

El presente proyecto se enmarca en un enfoque cualitativo y de carácter descriptivo-aplicativo, orientado al diseño e implementación de una propuesta de innovación educativa para el abordaje del duelo en aulas de Educación Primaria. Su finalidad es integrar la educación emocional en la práctica docente mediante actividades simbólicas y expresivas que favorezcan la comprensión y gestión de las pérdidas en la infancia.

Enfoque y Diseño Metodológico

La metodología se sustenta en los principios del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) y la educación emocional, combinando el trabajo colaborativo, la reflexión personal y la expresión artística (Rodríguez Pech et al., 2022). Este enfoque permite que el alumnado participe activamente en la construcción del conocimiento, conectando el aprendizaje con experiencias vitales significativas. El proyecto se concibe como una intervención pedagógica innovadora, más que como una investigación experimental, centrada en la observación y mejora de la práctica educativa.


Contexto y Participantes

La propuesta está dirigida a alumnado de Educación Primaria (tercer ciclo, entre 10 y 12 años) en centros escolares de carácter ordinario. Se prevé la participación de un grupo clase con la implicación del equipo docente y la colaboración de las familias, quienes son informadas y orientadas para acompañar emocionalmente el proceso.


Procedimiento

El desarrollo del proyecto se organiza en cuatro fases progresivas:

1. Sensibilización: introducción del tema de la muerte y la pérdida desde una perspectiva natural y respetuosa.
2. Exploración emocional: identificación y expresión de las emociones mediante dinámicas de grupo y recursos narrativos.
3. Simbolización y recuerdo: elaboración de experiencias de duelo a través de la creación artística y rituales simbólicos.
4. Cierre y acompañamiento: reflexión compartida sobre lo aprendido y refuerzo del apoyo mutuo dentro del aula.

Durante todo el proceso, se utilizan recursos didácticos variados —cuentos infantiles, dramatizaciones, murales colectivos y diarios emocionales— que facilitan la expresión emocional y la elaboración simbólica de la pérdida.


Instrumentos y Evaluación

La evaluación se plantea con un enfoque formativo y cualitativo, centrado en el proceso de aprendizaje más que en los resultados cuantificables. Se aplican instrumentos como la observación directa, los diarios reflexivos del alumnado, los registros docentes y la evaluación del clima de aula. Estos instrumentos permiten valorar el desarrollo de competencias emocionales, la cohesión grupal y la participación activa de los estudiantes.

La información recogida se analiza de manera descriptiva, identificando avances en la expresión emocional, la empatía y la interacción positiva entre iguales. Este enfoque permite validar la pertinencia pedagógica del proyecto y su posible replicabilidad en otros contextos educativos.


Validación de los instrumentos

La evaluación del proyecto se llevará a cabo de manera continua y formativa, teniendo en cuenta tanto el proceso como los resultados obtenidos. Se utilizarán diversas herramientas de evaluación, como observaciones directas, entrevistas, cuestionarios y análisis de producciones del alumnado, para valorar el grado de consecución de los objetivos establecidos.

Para asegurar la validez de estos instrumentos, se empleará un proceso de validación mixto que combine la revisión de expertos y la triangulación de datos. En primer lugar, los instrumentos (rúbricas, guías de observación y cuestionarios) serán revisados por un grupo de especialistas en educación emocional y metodología educativa, con el fin de garantizar la adecuación de los ítems a los objetivos del proyecto y la claridad de los indicadores. Posteriormente, se realizará una validación de contenido mediante un pilotaje inicial en un grupo reducido de estudiantes, ajustando las preguntas y criterios en función de la coherencia y comprensión observadas. Finalmente, se aplicará la triangulación de información entre los distintos instrumentos (observaciones, entrevistas y producciones escritas), lo que permitirá contrastar resultados y fortalecer la fiabilidad del análisis.


Evaluación

Una vez definidos los objetivos del proyecto y desarrollada la propuesta metodológica, es imprescindible establecer un sistema de evaluación que permita valorar si la intervención educativa ha sido eficaz, es decir, si ha logrado generar un impacto positivo en el alumnado y ha cumplido con los propósitos inicialmente planteados. La evaluación de este proyecto se enfocará tanto en el cumplimiento de los objetivos específicos como en la validación del propio diseño metodológico.

La evaluación no solo servirá para comprobar los resultados, sino también para recoger evidencias que permitan mejorar, ajustar o reformular futuras propuestas similares. Además, se contempla la evaluación desde una perspectiva formativa, cualitativa y continua, adaptada a la naturaleza emocional y vivencial del proyecto. Para ello, se propone el uso de diferentes técnicas de recogida de información, como la observación directa, las rúbricas de participación, los cuadernos de reflexión, entrevistas individuales, cuestionarios de percepción, y el análisis de producciones del alumnado. Estas herramientas permitirán realizar una valoración rica y holística del proceso y del impacto del proyecto (Tabla 1).


Tabla 1.
Evaluación para el cumplimiento de los objetivos específicos
Objetivo específico Criterios de evaluación Instrumentos de evaluación
OE1. Fomentar la expresión emocional del alumnado a través de dinámicas que les permitan identificar y comunicar sus emociones relacionadas con la pérdida. Participa activamente en dinámicas de expresión emocional. Es capaz de identificar emociones propias y ajenas. Observación directa, rúbrica de participación, diarios emocionales.
OE2. Sensibilizar al grupo-clase sobre la realidad del duelo y la muerte mediante actividades que promuevan la empatía, el respeto y la comprensión. Muestra actitudes de respeto y empatía durante las sesiones. Utiliza un lenguaje emocional adecuado. Registros de observación, cuestionarios de autoevaluación, entrevistas individuales.
OE3. Proporcionar al alumnado recursos simbólicos, literarios y creativos para elaborar de forma constructiva sus vivencias relacionadas con la pérdida. Utiliza recursos creativos para simbolizar y representar experiencias emocionales. Produce materiales (dibujos, cartas, murales) con contenido emocional significativo. Análisis de producciones artísticas y escritas, portafolio del alumnado.
OE4. Promover un clima de aula seguro y de confianza que facilite el acompañamiento emocional del alumnado ante situaciones de duelo. Colabora con sus compañeros, escucha activamente, ofrece apoyo a quienes lo necesitan. Participa sin temor en actividades de expresión emocional. Escalas de clima de aula, entrevistas colectivas, observaciones del docente.
 
Para garantizar la validez de los criterios e instrumentos asociados a los objetivos específicos, se llevará a cabo un proceso de validación de contenido y de coherencia interna. En concreto, los indicadores propuestos (como la empatía, el respeto y el uso de lenguaje emocional adecuado) serán revisados por expertos en educación emocional y evaluación cualitativa, con el fin de asegurar que cada criterio refleja de manera precisa la competencia que se desea observar. Asimismo, los instrumentos seleccionados (registros de observación, cuestionarios de autoevaluación y entrevistas) serán pilotados en una sesión previa para verificar la claridad de las preguntas y la pertinencia de los ítems. Finalmente, se aplicará triangulación de fuentes y técnicas para contrastar la información obtenida desde diferentes perspectivas (docente, alumnado y observador externo), fortaleciendo así la fiabilidad y validez del proceso evaluativo (Tabla 2).

Tabla 2.
La validez del diseño metodológico del proyecto
Elemento de evaluación Criterios de evaluación Instrumentos de evaluación
Relevancia del proyecto El contenido es pertinente para la etapa educativa y responde a una necesidad detectada en el contexto escolar. Cuestionario al profesorado, revisión documental, valoración del equipo directivo.
Adecuación metodológica Las actividades están bien secuenciadas, adaptadas al nivel del alumnado y alineadas con los objetivos. Diario de implementación docente, entrevistas al profesorado, rúbrica de planificación
Participación del alumnado El alumnado se implica activamente en las sesiones y se muestra motivado ante las propuestas. Observación directa, encuestas de satisfacción al alumnado, participación registrada.
Impacto emocional El alumnado muestra mejoras en su expresión emocional y en el trato hacia sus compañeros/as. Comparativa inicial-final de percepciones, entrevistas individuales, autoevaluaciones.
Sostenibilidad del proyecto El proyecto puede replicarse y adaptarse fácilmente en otros cursos o centros educativos. Informe de valoración final, entrevistas al equipo docente, recogida de sugerencias.
 
La evaluación cualitativa será especialmente importante, dado que muchos de los aprendizajes esperados en este proyecto no se manifiestan en productos cuantificables, sino en procesos internos, cambios de actitud y mejora del clima grupal. Por ello, el uso de registros narrativos del docente y el análisis del lenguaje emocional utilizado por el alumnado serán instrumentos fundamentales. Además, se prevé la realización de una sesión de cierre reflexiva en la que los niños puedan compartir cómo han vivido el proyecto, qué han aprendido y cómo se han sentido durante su desarrollo. Esta actividad no solo servirá como evaluación final, sino también como una herramienta de metacognición emocional para consolidar los aprendizajes vivenciales. Por último, se valorará también la opinión de las familias, a través de un pequeño cuestionario en el que puedan indicar si han notado cambios en la forma en que sus hijos e hijas expresan sus emociones o afrontan temas relacionados con la muerte y la pérdida.

La evaluación, por tanto, no se limitará a emitir juicios sobre el alumnado, sino que será un proceso continuo de observación, reflexión y mejora que involucra a todos los agentes implicados: docentes, alumnado y familias. Su finalidad será validar la eficacia del proyecto, pero también garantizar que se ha desarrollado desde el respeto, el cuidado y la pedagogía emocional.


DISCUSIÓN

Los resultados obtenidos tras la implementación del proyecto evidencian una evolución significativa en la expresión emocional y la cohesión grupal del alumnado participante. A lo largo de las sesiones, se observó una mayor disposición para compartir experiencias personales y una progresiva naturalización del diálogo en torno a la muerte y la pérdida (Barrera et al., 2024). El uso de recursos simbólicos (como los cuentos, los murales o los rituales de despedida) facilitó que los estudiantes identificaran y verbalizaran emociones complejas, transformando la vivencia del duelo en una experiencia compartida y constructiva.

Asimismo, el clima de aula mostró mejoras notables en términos de empatía, respeto y colaboración entre iguales. El alumnado manifestó una actitud más abierta y comprensiva hacia los compañeros que habían atravesado situaciones de pérdida, lo que contribuyó al fortalecimiento de los vínculos afectivos y del sentido de pertenencia al grupo. Por su parte, los docentes implicados destacaron el valor del proyecto como herramienta pedagógica para integrar la educación emocional en la práctica diaria, especialmente en contextos de vulnerabilidad emocional.

De manera interpretativa, estos resultados sugieren que el abordaje educativo del duelo no solo favorece el desarrollo socioemocional del alumnado, sino que también transforma la dinámica del aula en un espacio de cuidado, confianza y acompañamiento mutuo. El trabajo con estrategias simbólicas y narrativas demuestra ser un recurso eficaz para potenciar la resiliencia infantil y para introducir de forma natural el aprendizaje emocional como parte del proceso educativo integral.

Los resultados obtenidos confirman la relevancia de integrar el duelo como contenido educativo dentro de la educación emocional en la etapa de Primaria. La evolución observada en la expresión emocional, la empatía y la cohesión grupal sugiere que la escuela puede convertirse en un espacio seguro donde los niños elaboren simbólicamente sus pérdidas. Estos hallazgos se alinean con las aportaciones de autores como Worden (1996, 2009) y Neimeyer (2002), quienes destacan que el acompañamiento emocional y la comunicación abierta son factores determinantes en la elaboración saludable del duelo infantil.

El hecho de que los estudiantes mostraran una mayor capacidad para identificar y compartir sus emociones indica que el uso de estrategias didácticas con valor simbólico (como los cuentos, el arte o los rituales colectivos) contribuye a la construcción de significado frente a la pérdida. Esta transformación no solo favorece la resiliencia individual, sino que también promueve la creación de una cultura del cuidado dentro del aula. En este sentido, los resultados coinciden con las propuestas de Bisquerra y Pérez-Escoda (2007) sobre la necesidad de integrar la educación emocional de manera transversal en el currículo, así como con los planteamientos de Laurero Madrid et al (2023) y Gabilondo (2020) sobre la importancia de una escuela emocionalmente responsable.

El impacto positivo observado puede explicarse por la combinación de tres factores: la participación activa del alumnado en experiencias vivenciales, la presencia simbólica del arte y la narrativa como mediadores emocionales, y la implicación de las familias, que permitió reforzar la coherencia entre el contexto escolar y el hogar. Estos elementos facilitaron un aprendizaje significativo que trascendió lo cognitivo, fortaleciendo la dimensión afectiva y relacional del proceso educativo.

Desde una perspectiva interpretativa, los resultados ponen de manifiesto que abordar el duelo desde el ámbito pedagógico (y no exclusivamente terapéutico) abre nuevas posibilidades de intervención educativa orientadas al bienestar emocional. El proyecto aporta un modelo replicable de innovación docente que integra la educación emocional, la creatividad y la convivencia como pilares del aprendizaje integral. En consecuencia, se amplía la función social de la escuela, que no solo enseña contenidos académicos, sino también competencias para la vida, entre ellas la capacidad de afrontar la pérdida con empatía y resiliencia.


CONCLUSIONES

El desarrollo de este proyecto de innovación educativa centrado en el abordaje del duelo en aulas de Educación Primaria ha permitido constatar la necesidad urgente de incorporar la educación emocional como parte esencial del proceso formativo. El tratamiento pedagógico de la muerte y la pérdida no solo favorece la comprensión de una realidad vital inevitable, sino que también contribuye al crecimiento personal y social del alumnado. La experiencia demuestra que cuando se ofrece un espacio de acompañamiento emocional dentro del aula, los niños logran expresar, comprender y resignificar sus emociones de manera más saludable, lo que se traduce en una mejora del clima de convivencia y en una mayor cohesión grupal.

La propuesta didáctica diseñada ha evidenciado la eficacia de integrar recursos simbólicos, narrativos y artísticos en el trabajo sobre el duelo. Actividades como la lectura de cuentos, la elaboración de murales o los rituales colectivos han funcionado como mediadores entre la emoción y la palabra, facilitando la construcción de significados compartidos. Estas estrategias no solo potencian la creatividad y la expresión, sino que además otorgan un valor pedagógico a la experiencia emocional, situando la educación como un espacio de humanización. En este sentido, el proyecto refuerza la idea de que la escuela puede y debe ser un lugar donde la vida y la muerte se comprendan como partes complementarias de la existencia.

Desde el punto de vista metodológico, la aplicación de un enfoque cualitativo, basado en la observación y la reflexión constante, ha permitido adaptar el proyecto a las necesidades del grupo-clase y valorar la evolución del alumnado desde una perspectiva integral. La evaluación formativa, apoyada en la triangulación de instrumentos, ha posibilitado una comprensión más profunda de los procesos emocionales y relacionales generados durante la intervención. Este enfoque flexible y humanista se revela especialmente pertinente en temáticas sensibles como el duelo, en las que la rigidez metodológica podría limitar la espontaneidad emocional y el aprendizaje vivencial.

Los resultados interpretados muestran avances significativos en la empatía, la expresión emocional y la capacidad de los estudiantes para afrontar la pérdida. Estos hallazgos coinciden con la literatura previa que subraya el papel protector de la educación emocional frente al malestar psicológico infantil (Worden, 1996; Bisquerra y Pérez Escoda, 2007; Neimeyer, 2002). Asimismo, el proyecto ha permitido constatar que el acompañamiento pedagógico puede tener un efecto transformador no solo en el alumnado, sino también en los docentes, quienes desarrollan una mirada más sensible, empática y consciente de la dimensión afectiva de su práctica profesional.

Entre las principales aportaciones de esta propuesta destaca su potencial como modelo replicable en otros contextos educativos. El proyecto puede adaptarse a diferentes niveles escolares y realidades socioculturales, manteniendo siempre su esencia: ofrecer un espacio de expresión simbólica y emocional frente a la pérdida. De igual modo, pone de relieve la importancia de la formación docente en educación emocional y duelo, ya que el profesorado es una figura clave para acompañar y sostener los procesos emocionales del alumnado desde la cercanía y la contención.

No obstante, es necesario reconocer ciertas limitaciones. La intervención se centró en un grupo reducido de estudiantes y en un periodo temporal acotado, por lo que sería conveniente ampliar futuras aplicaciones a distintos cursos y centros para evaluar su impacto a largo plazo. También sería pertinente incorporar instrumentos más sistemáticos de recogida de datos cualitativos y cuantitativos, que permitan medir con mayor precisión la evolución de las competencias emocionales y sociales del alumnado.

Por tanto, este trabajo contribuye a visibilizar una dimensión a menudo olvidada de la escuela: la capacidad de educar en la pérdida, el afecto y la resiliencia. Abordar el duelo desde la pedagogía no significa invadir el terreno terapéutico, sino ofrecer herramientas para vivir la vida con sentido, empatía y respeto. De este modo, la escuela se consolida como un espacio de acompañamiento integral que enseña no solo a aprender, sino también a sentir, compartir y convivir con las emociones que forman parte de la experiencia humana.


DECLARACIÓN DE IA Y TECNOLOGÍAS ASISTIDAS POR IA EN EL PROCESO DE ESCRITURA

Durante la preparación de este trabajo, los autores utilizaron Chat GPT versión GPT-5, para la mejora de estilo y apoyo de redacción preliminar; así como DeepL para la traducción del resumen. Tras el uso de esta herramienta, los autores revisaron y editaron el contenido en conformidad con el método científico y asumen plena responsabilidad por el contenido de la publicación. No se han introducido datos falsos, referencias inventadas ni análisis sin respaldo empírico.

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Datos de correspondencia

Guevara-Rincón, Gema
Doctora
Universidad de Murcia, Facultad de Educación
España
 
ORCID:  https://orcid.org/0000-0002-6012-4588
correo electrónico: gema.guevara@um.es

 
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